dijous, 12 de maig del 2022

CARTA 1. Memorias eclesiásticas de la antigua Sétabis. Xátiva, Játiva

CARTA 1.

Memorias eclesiásticas de la antigua Sétabis. S. Félix Diácono, patrono de esta ciudad. Templo que en ella se conserva con su advocacion. Sepulcro de jaspe hallado en su recinto. Si fue de cristianos. Inscripciones inéditas. Erección de su Iglesia Colegiata. Sus reliquias. Fiestas particulares. Antiguo monasterio de Monsant. 

Mi querido hermano: Al paso desde Madrid para Valencia, donde debía comenzar mis observaciones litúrgicas, tuve proporción de registrar algunos  pocos a la verdad, pero dignos de nuestra atención.

Lo primero que llama la curiosidad de los viajeros, es la memoria de la silla Episcopal que tuvo desde antes de los Godos, y espiró con la invasión de los Sarracenos (1). Su antiguo titular y el actual patrono de esta ciudad es S. Félix Mártir, no el Presbítero de León de Francia (Lyon), sino el Diácono de Gerona. He oído que en el siglo XVII, creyendo algunos que era cosa de menos valer tener por titular al segundo y no al primero, resolvieron poner las imágenes de ambos, como existen hoy día, en el nicho del altar mayor de la ermita de este nombre, situada a la falda superior del castillo, donde es común opinión haber estado la antigua Catedral; y aun hay quien diga que sea este el templo de los rabatins o mozárabes cuando los moros permitían el culto público a los cristianos que permanecieron bajo su dominio. Acaso habrá quien pretenda que sea el primitivo templo de los cristianos; pero desvanece esta opinión lo distante que se halla su fábrica de la distribución de los templos antiguos. Además de esto consta que los moros que habían ofrecido primero conservar libre el uso de nuestra religión, demolieron luego con furor todas las Iglesias de esta provincia. Tampoco se puede conjeturar que fuese mezquita de ellos: que no eran tan escasos en su superstición como este templo manifiesta; y era verosímil que no lo fuesen en un pueblo que siempre ha sido opulento y rico. 

Por otra parte, no creo que desdiga su construcción de los tiempos de D. Jayme I, llamado el Conquistador, a pesar de las irregularidades que en él se observan. Sus arcos apuntados, rebajados sin bóveda, y con el techo sólo de madera: su latitud es poco menor que su longitud; esto sin contar la gradería que ocupa toda la mano derecha para subir a los altares. El adorno exterior de la puerta principal sabe a los siglos XIV y XV. Las columnas del pórtico son compuestas de fragmentos de otras antiquísimas de jaspes de varios órdenes. En resolución cuanto ofrece este templo es miscelánea que oculta la verdadera época de su construcción.

Como quiera, si en sus inmediaciones se hiciera una excavación bien dirigida, es muy probable que se encontrarían vestigios de la Sétabis cristiana, y acaso sepulcros de sus obispos, que hicieran menos interrumpida la serie de los pocos, cuya memoria conservaron los Concilios Toledanos.

Lo mas notable que hay en este templo es una pila para agua bendita, cavada en un capitel gótico de mármol blanco, historiada de relieve bastante alto, que aun con su pésimo dibujo forma un grupo de figuras que no carece de gracia. A primera vista parece representar la adoración de los Reyes, o la de los Pastores al niño Jesús recostado en los brazos de su Madre. La adjunta copia dará a conocer lo que ello es (2). Tengo por aventurado cualquier juicio que se quiera formar de su antigüedad. 

Sin embargo, no creo que sea muy posterior a un sepulcro de jaspe que se conserva en dicha ciudad, cuyo dibujo también incluyo. Hasta el año 1788 sirvió de pila a una fuente junto a la puerta llamada de Cocentayna. Mas construida otra en su lugar con veinte y cinco caños abundantísimos, el Diputado del común D. Antonio Mateo Pueyo, cuidó de que se guardase este precioso monumento, depositándole en las Casas consistoriales. El Señor Bayer, que en su viaje desde Valencia hacia Andalucía, vio sólo la fachada núm. 1, que presentaba en su antiguo sitio (3), juzgó haber sido sepulcro de cristianos; y por el genio del bajo relieve, conjeturó que era del siglo IV o principios del V, (imagen tomo 1, pág 4) es a saber, de los tiempos de Arcadio y Honorio, de Valente, o por entonces (a). (a) Bayer, viaje MS. de Valencia a Andalucía del año 1782, que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Valencia. 

No creo que sea muy fácil declarar las alusiones de todas sus figuras. Mas de ningún modo me puedo acomodar a tenerle por sepulcro de cristianos. Primeramente falta el lábaro, que nunca se dejó de poner después de los 

tiempos de Constantino, a no ser que estuviera en la cubierta de este sarcófago que se perdió. Los gladiatores (gladiadores) y luchas de fieras que allí se observan, tampoco eran compatibles con la religión cristiana. Por otra parte, que la figura del centro pueda representar la caridad, y las de su mano derecha signifiquen el buen pastor, que pone sobre sus hombros la oveja perdida, no me parecen pruebas de haber sido monumento de nuestra religión. En los que dibuja en su Roma subterránea el erudito Pablo Aringho, jamás se ve expresada la caridad con una imagen tan equívoca; y la del buen pastor, que es harto común en ellos, siempre está acompañada de otras señales ciertas del cristianismo. Dirá alguno que la figura del centro expresa el amor maternal con respecto a la madre o al hijo, o a los dos enterrados allí, y que (4) las otras pueden indicar los donarios y ofrendas hechas a los dioses manes: cosas que juntas con lo demás no hacen inverosímil el juicio que yo he formado de que es sepulcro de gentiles.

De los mismos se conservan en esta ciudad varias inscripciones casi todas sepulcrales, publicadas ya por Escolano, Diago y Pons, en cuyas obras pueden verse, aunque en sus copias falta muchas veces exactitud. Pocos días antes de mi llegada, derribando parte del muro que corre desde la ermita dé las Santas Basilisa y Anastasia hacia el poniente, se descubrió la siguiente inscripción, que por ser nueva quiero copiar aquí. 

CA RRVNTI 

VS PATERNUS

AN. XXX. 

El apellido Paternus es muy conocido en la España romana; mas del nombre Rruntius, no me acuerdo haber visto otra memoria.

Con motivo de tratar de esta inscripción, me ofreció un amigo copia fiel de otra que existe en la villa de Ollería, dos leguas de esta ciudad hacia el poniente, la cual copiaré también por no haberse publicado hasta hoy, que yo sepa. Dice así: 

L (punto alto) FVRIVS. MVRRVS 

FVRIA (punto alto) L (p.a) F (p.a) MVRRANA (p.a) V (p.a) A (p.a) XIV 

No es falta de exactitud la del travesaño que se advierte en la última A, que se halla en el original lo mismo que una V vuelta del revés. Con el deseo de hallar alguna noticia de este apellido Murrus y Murrana, he registrado con 

cuidado la colección de inscripciones romanas de Masdeu; mas no hallo ninguna que diga con esta.

Tampoco sé que se haya publicado esta otra inscripción que conserva entre sus papeles curiosos el dicho D. Antonio Mateo Pueyo

FABIAE 

L F 

FABVLLAE

PLICINI

LICINIAN

MATRIPISSIMAE 


Hállase este monumento en la vega de Carcagente en una ermita de S. Roque, que fue parroquial de la población de Ternils, que ya no existe. Es un pedestal pegado a la pared, indicando haber servido de base a la fuente bautismal, porque en la superficie superior, tiene en cada ángulo un agujero de tres dedos de diámetro; a no ser que sirvieran para encaje de alguna otra piedra, que a la verdad hace falta para su complemento. La copia sólo es de lo que se descubre sobre el pavimento, quedando enterrada parte de ella, que no pudo descubrir (5) el que la copió.

Volvamos a las cosas eclesiásticas, objeto principal de mi discusión. Pocas son a la verdad las que aquí se conservan. La Iglesia Colegial erigida en 1414 siempre se ha conformado en los ritos con la de Valencia, hasta en los hábitos corales de los residentes, como diré hablando de la capital. He visto la bula de Calixto III expedida en 18 de Febrero de 1457, en que concede a los Canónigos de la Colegial los hábitos que ya usaban los de Valencia, a los 

cuales llama almutia de varis grisis, sive dossis. Creo que serían mucetas de pieles de armiños u otro color. Ahora los usan como los de Valencia, cuya mudanza procuraré indagar cuando llegue a aquella ciudad. También he debido a la bondad de su Archivero el Canónigo D. Miguel Cabellos, ver las constituciones que hicieron para esta Iglesia los Arzobispos Santo Tomás de Villanueva y D. Francisco de Navarra. Entrambas he copiado por contener algunas de las costumbres de aquel tiempo. Creo que fue equivocación del escribiente el nombre siquilla, que da a la campana colocada junto al altar mayor para hacer seña de comenzar las horas 

canónicas. Seguramente quiso decir squilla (esquila), latinizando la palabra lemosina squella (esquella). 

Al llegar aquí me ocurre que en los ordinarios de Valencia se halla usada la voz squilla en las bendiciones de las campanas, aunque sean grandes.

Posee esta Iglesia varías reliquias por donación de Calixto III, cuya descripción hace él mismo (6) en el Breve dirigido a este Cabildo el mismo año 1457, cuya copia incluyo. Así en este, como en el que antes he citado, abiertamente confiesa haber sido bautizado en esta Iglesia.

Es digna de notarse la fiesta que hace esta Colegial a las Santas Mártires Basilisa y Anastasia, de las cuales se dice que nacidas en Sétabis, siguieron al Apóstol S. Pablo en su vuelta de España a Roma, y allí fueron con él martirizadas por Nerón. Si son estas las Santas de que habla el Martirologio día 15 de Abril, no sé acomodarme a esta tradición, la cual no tengo por anterior al tiempo de los falsos cronicones. Ni le añade nuevo peso la ermita edificada a la parte occidental de la falda del castillo con la invocación de estas Santas. Aun cuando hubiera ya sido construida en el siglo XIII, que es la mayor antigüedad que puede concedérsele, faltaría probar que desde sus 

principios estuvo dedicada a dichas Santas.

En la misma Iglesia hay un altar de S. Gil Abad, a quien este pueblo tiene singular devoción, y con mucha piedad recibe el hinojo bendito con la invocación del Santo, que se acostumbra repartir por las casas el día 1.° de Septiembre. Después he visto en los códices de Valencia la benedictio feniculi in die S. Egidii, por donde puede conjeturarse haber sido general esta devoción en toda la Diócesis (actualizo Diócesi en todo el texto). 

También te acordarás de haber oído que (7) el Real Priorato de Monsant, del Orden del Císter, situado a la parte oriental de la falda del castillo y habitado ahora por monjes de Valdigna, fue en lo antiguo monasterio de Religiosas. En efecto, a esta casa Real, dicha Algema, trasladó el Rey D. Jayme II de Aragón las Religiosas Agustinas que había fundado en Alcira su abuelo D. Jaime I en el año 1273. Esta traslación se verificó en el de 1316, mandando que conservasen el título de Santa María Magdalena, y que vistiesen el hábito del Císter, quedando sujetas al Abad de Valdigna. De la austera vida de estas religiosas hace mención Viciana 3 part. fol 160. Mas en los tiempos del B. Juan de Ribera por justas causas fue destruida dicha fundación, y las religiosas trasladadas al monasterio de la Zaydia, extramuros de Valencia. Seguidamente tomaron posesión de dicha casa los monjes de Valdigna que hoy la habitan. Estos años pasados han reformado la Iglesia antigua, estrechándola y dándole un orden más proporcionado; acaso con esta ocasión habrán perecido los vestigios que quedaban del coro antiguo. Consérvase todavía en ella un lienzo de S. Cristóbal, que creo ser de la escuela de Ribalta.

Si ocurriese alguna otra cosa digna de consideración, entre las que llevé apuntadas de aquella ciudad, la insertaré en las cartas siguientes. 

Dios te guarde. Valencia 30 de Septiembre de 1803. 


NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Su antiguo titular y el actual patrono de esta ciudad es S. Félix Mártir &c. En mi Año Cristiano de España tom. VIII día 1.° de Agosto dije que el S. Félix Mártir, venerado en esta ciudad como su patrono, es el Presbítero de León de Francia. Carecía yo entonces de algunos documentos que posteriormente he adquirido, los cuales prueban serlo el Diácono de Gerona. De esto se tratará con la debida extensión cuando se hable de aquella Iglesia. 

(2) Tengo por aventurado cualquier juicio que se quiera formar de su antigüedad. Habiendo examinado con atención este monumento, soy de parecer que es anterior a los Godos, y que tal vez será la única pila de agua bendita que se conserve de ese tiempo en España.

Antiquísimo es en toda la Iglesia el uso del agua mezclada con sal y bendita; no sólo para la administración del bautismo y para consagrar y dedicar las Iglesias o reconciliarlas, de lo cual trata el Pontifical romano (p. II. de Eccl. dedic. et de illius reconciliat.), sino también para expiar los pecados veniales, a semejanza del agua lustrationis de la ley antigua, destinada para purificar los Levitas (Num. VIII. 7.), y lavar los inmundos (Num. XIX. 9. 12.). Y así desde los primeros siglos se puso agua a la entrada de los templos, para que perdonados por medio de ella los pecados veniales, el pueblo y el Sacerdote quedasen más aptos para celebrar el santo sacrificio.

(M. Ant. Columnae Hydragiolog. sect. II c. III n. 32)

Esta bendición del agua mezclada con sal la atribuyen unos a S. Alexandro Papa y Mártir, que floreció en el imperio de Trajano, otros a los mismos Apóstoles: de los autores de una y otra opinión forma un largo catálogo el citado Antonio Colonna (loc. laud. num. 46. seq.) 

Venga o no este rito de los tiempos apostólicos, es antiquísimo en toda la Iglesia. El agua así bendita no es sacramento, sino preparación para los sacramentos, y uno de los que llaman sacramentales los Teólogos; pues con ellos, recibidos con fe y devoción, se quitan los impedimentos para que obre en el hombre la gracia. De esta agua señaladamente lo dice Santo Tomás (in 4. dist. 2): aqua benedicta valet contra omne quod sacramentorum effectum impedire potest. Y así Hugo de S. Víctor (tract. de Sacrament.) entre las cosas que conducen a nuestra santificación pone el aspersorio del agua bendita. Otros piadosos escritores, y aun la santa Iglesia en sus preces, añaden que es de admirable virtud contra las tentaciones y estímulos del diablo: despertador de la oración y de la contrición, incentivo de la devoción, recuerdo del bautismo y de sus promesas, salud del alma y del cuerpo, atractivo de la fe con que debemos considerarnos presentes al divino espíritu. Atribuyele Santo Tomás como especial efecto el perdonar Dios por medio de ella los pecados veniales, en cuanto mueve el ánimo a penitencia y a devoción; basta que sobre ella se haya invocado por autoridad de la Iglesia el nombre de Cristo, para que sea de mayor eficacia y virtud que el agua aspersoria del antiguo testamento.

Conforme es a esta doctrina de la Iglesia la práctica de rociar los enfermos con agua bendita, de que hace memoria S. Cipriano (Epist. VII. ad Magn.) diciendo: nec quemquam movere debet quod aspergi vel perfundi videntur aegri cum gratiam dominicam consequuntur, quando Scriptura.... dicat: et aspergam super vos aquam mundam, et mundabimini ab omnibus inmunditiis vestris.

Del agua bendita en el sábado de Pascua o de Pentecostés, antes de mezclar con ella el sagrado crisma, tomaban los fieles para rociar sus casas y los campos, como consta de los Capitulares de Carlo Magno, Ludovico Pío y Lotario (lib. VI. c. 77.), donde se lee: in sabbato sancto Paschae, vel Pentecostes, si quis velit aquam consecratam ad aspersionem in domo sua recipere ante chrismatis infusionem, recipiat. La cual costumbre dura aún en varias Iglesias de España.

Consta esto también de varios fragmentos de los antiguos ritos, que recogió Wolfango Lazio, conforme a los cuales, dice (pág. 43): quo facto accipit populus de ipsa aqua in vasculis ad aspergendum in domibus suis, sive 

agris, S. Aicardo Abad en el siglo VII mientras dormían sus monjes iba echando agua bendita por el dormitorio: ad effugandas importuni hostis insidias (Fulber. in ejus vita ap. Surium t. V.). Otros semejantes ejemplos se leen en las vidas de los Padres antiguos. 

Así pues como es antiquísima la práctica de llevar los fieles a sus casas agua bendita, y tener vasos de ella en sus aposentos; así lo es también ponerla en la entrada de las Iglesias, para que tomándola y rociándose con ella, despierten en sí el espíritu de oración y devoción con que deben asistir a los oficios divinos y a la misa, y queden purificados de las culpas veniales.

(3) Juzgó haber sido sepulcro de cristianos. Alguna luz pueden dar a la decisión de este punto las reflexiones siguientes.

1.° Los cristianos, fuera del tiempo de las persecuciones, en que se sepultaban en cavernas o cementerios subterráneos (Mabill. Iter Ital. pág. 135, Aringh. Rom. subt. lib. I. cap. III  et IV.) por huir la rabia de los gentiles, que como decía Lactancio: in cineres (christianorum) furit, nequis extet sepulturae locus (lib. V. cap. XI.), siguieron la práctica de los hebreos, que solían sepultarse en los caminos reales (Genes. XXXV. 19.). Tanto más que en esto se desviaban del rito gentílico de sepultarse dentro de los pueblos (Kirchmann. de Funer. roman. lib. II. c. XVI.), al cual atribuyen el origen de muchos de sus templos Arnobio y Julio Fírmico (Arev. Not. in A. Prud. contra Simmach. l. I. v. 190. p. 713.) Acaso de aquí tomaron ejemplo los romanos para sacar de su ciudad los sepulcros, y ponerlos en las calzadas. (V. Bartoluc. diss. de Viis publicis. ) De Trajano decía Eutropio: solus omnium intra urbem sepultus est ….  sub columna. 

2.° No es inverosímil que este sepulcro de que se trata hubiese sido de cristianos, aun cuando sus bajos relieves sean gentílicos. Además de los ejemplos que alega Aringho para probar que los cristianos solían aprovecharse de los sarcófagos de los gentiles, asegura Mabillon que Rafael Fabretto le mostró entre sus inscripciones un epitafio de un Mártir esculpido en un mármol, habens ex altera parte fragmentum sodalitii paganorum sub Deo Silvano, cujusmodi multae christianorum inscripciones in romanis caemeteriis visuntur ex una parte epitaphium pagani, ex adversa christiani referentes (Iter Italic. p. 71); y más adelante (pág. 134) refiere que en Roma en el cementerio de Ponciano halló varios fragmentos de estos sepulcros con inscripciones por un lado de gentiles, y por otro de cristianos: quippe christianis mos erat, dice, ut è sepulchris gentilium lapides revellerent in suos usus; et relictam ex ea parte, qua interiora christiani tumuli spectabat, profanam inscriptione, aliam in exteriori apponerent ritu christiano; lo cual confirma (p. 80.) con el ejemplo de Inocencio II; sepultado en S. Juan de Letrán en el suntuoso sepulcro del Emperador Adriano. 

(4) Las otras pueden indicar los donarios y ofrendas hechas a los dioses manes. Aun cuando a las figuras alusivas a estas ofrendas se hubiese añadido con letras la dedicación gentílica dis manibus, no podía deducirse de aquí demostrativamente haber sido este sepulcro de gentiles.

Mabillon (Itin. Italic. p. 71. 72.) dice que Rafael Fabretto le mostró una inscripción del sepulcro de un cristiano con la dedicación gentílica dis manibus; decía así: 

D. MA. SACRVM. XL 

LEOPARDUM. IN. PACEM. CUM 

SPIRITA. SANCTA. ACCEPTUM 

EUMTE. ABEATIS. INNOCINTEM 

POSUER. PAR. Q. AN. N. VII. MEN. VII. 

Smetio copió (Smet. pag. 143 n. 3) otra inscripción con igual dedicación DM. de un cristiano llamado Mariniano: Grutero otra igual de otro llamado Adiutor, donde se añade: post acceptam pcenitentiam migravit ad Dominum, Anastasio Consule. Lupio (diss. de Baptisteriis n. 158. 159.) hace memoria de otro sepulcro de un cristiano con la misma dedicación dis manibus, puesta como él dice, por ignorancia de algún neófito, y no advertida por el Sacerdote de aquel cementerio. (V. Caiet. Migliore diss. de Diis manibus, et Faustin. Areval. not. in Aur. Prud. cont. Symmach. lib. I. v. 404. pag. 733) 

Pero observa Mabillon (ib. pag. 138) que estas palabras DIS MAN. licet quidam christiani ex reliquiis gentilitatis primitus retinuerint.... tamen aliis notis religionem christianam designabant, sive cruce, aut monogrammate Christi, sive palmis, seu cordium expressionibus columbis, agnis, sive aliis indiciis; qua quidem non sunt martyrum indicia.... sed christianorum.

Como quiera juzgó Mabillon que estas siglas D. M. que suelen hallarse en los sepulcros de los antiguos fieles, siempre fueron profanas: Fabretto lo niega.

(5) El que la copió. Fue este el docto P. Fr. Domingo Fuentes, Religioso Dominico del convento de San Felipe, el cual la vio el año 1789, y añade a su descripción la nota siguiente:

«Esta lápida sin duda puede colocarse entre las de Sétabis, no sólo por ser de jaspe de su cantera llamada Boscarró, sino principalmente porque entre las colonias del reino, que distan bastante entre sí, a saber, Ilice y Valencia, no había otro municipio intermedio más que Sétabis, ni que estuviera tan cerca del lugar, donde posteriormente se fundó el pueblo de Ternils. Y así es verosímil que al tiempo de su fundación se trajera esta piedra de S. Felipe más bien que de otra parte, supuesto que donde ahora existe no hubo población en tiempo de romanos. También convence esta lápida a cierto escritor francés que dice, que las inscripciones de España no son de familias romanas, sino de libertos. En este monumento, así el nombre de la madre, como el del hijo, son de familias romanas: la madre de la Fabia, y el hijo de la Licinia con el mismo nombre y apellido del Emperador Licinio Liciniano, cuñado de Constantino Magno, casado con Constanza, hija de Constancio Cloro, y de Teodora, después de repudiada Elena, madre de Constantino &c.” Hasta aquí el citado Religioso. Otras memorias de Licinios en España se podrán ver en la citada colección de Masdeu, T. XVII, título Memorias sepulcrales, núm. 1798.

(6) En el Breve..... cuya copia incluyo.

La Bula de Calixto III en que hace donación de varias reliquias a la insigne Iglesia Colegial de Xátiva, y que se conserva en su archivo litt. A. n. 23, dice así:

Calixtus Episcopus servus servorum Dei universis Christi fidelibus praesentes litteras inspecturis, salutem et Apostolicam benedictionem. Romani Pontificis intensa liberalitas Ecclesiis singulis honorem afferri desiderans, illas ex eisdem Ecclesiis muneribus praetiosis eò specialius interdum adornat, quó eis majori et peculiari quadam devotione afficitur, Sanctorum, et Sanctarum, ac locorum sacrorum reliquias eisdem largiendo, ut per eorum recolendam memoriam ibidem devotius collaudetur Altissimus, divinusque cultus incrementum suscipiat, et fidelium corda ad charitatis opera ferventiùs excitentur, fidelesque ipsi Sanctorum, et Sanctarum eorundem adjuti praesidiis, quod dignè postulent, felicius consequantur. Sane recensentes, quod Ecclesia Collegiata Beatae Mariae de Xativa Valentiae Dioc., in qua sacri baptismatis lavacro renati sumus, inter ceteras illarum partium Collegiatas Ecclesias, insignis admodum et solemnis reputatur; et propterea illam, cui devotionem gerimus specialem, in nostrae mentis visceribus specialiter amplectentes, ac eam nostram solitam liberalitate sacris donativis decorare volentes, ad eandem gloriam et honorem Omnipotentis Dei, et gloriosae Virginis Mariae, sub cujus titulo Ecclesia dedicata existit, omniumque Sanctorum, et Sanctarum, nec non fidelium eorumdem ad dictam Ecclesiam devotionem augendam, infrascriptas reliquias de hac alma urbe ad eam Ecclesiam decrevimus destinandas; quae sunt istae, videlicet, de columna ubi fuit flagellatus Dominus noster Jesus Christus: de spinea corona cum qua in ejus sacratissima passione coronatus fuit: de reliquiis Sancti Joannis Baptistae: de reliquiis Sanctorum Jacobi minoris et Bartholomei Apostolorum: de sanguine, et pinguedine Beati Laurentii Martyris, qui ex ejus corpore fluebant cum assaretur: de lignis et arboribus, cum quibus idem Sanctus Laurentius assatus fuit: de reliquiis Sancti Calixti Papae et Martyris: de reliquiis Sancti Theodori Martyris: os menti sive mandibulae Sancti Abdon Martyris: de ossibus Sanctae Ananiae Martyris: de ossibus trium fratrum Sanctorum Cosmae et Damiani: de reliquiis Sancti Vitalis et Sancti Gregorii Papae: de capite Sancti Sabae Abbatis et Confessoris: de reliquiis Sanctae Catharinae, Sanctae Barbarae, Sanctae Theodorae, Sanctae Luciae: ossa spatulae, et brachii Sanctae Priscae Virginis et Martyris, in cujus honorem Ecclesiam in hac alma urbe aedificari fecimus, et solemniter decoravimus: de capite Sanctae Rufinae Virginis et Martyris: triginta unum grana de olivis collectis in olivetis montis Oliveti: et una pax, et una crux lignea, in quibus multae aliae sanctae reliquiae reconditae existunt. Et ne ab aliquibus an sint verae reliquiae valeat quomodolibet haesitari, auctoritate praesentium in Domino Jesu, cujus in terris, quamvis immeriti, vices gerimus, firmiter attestamur quod omnes et singulae reliquiae supra scriptae sunt Sanctorum et locorum, ac alias prout describuntur verae, perfectae, et indubitatae reliquiae, quas ut tales ab omnibus fiidelibus volumus, praecipimus, et mandamus devotè, reverenter, et pura mente recipi, venerari, et honorari. Nos enim Omnipotentis Dei misericordiam, et Beatorum Petri et Pauli Apostolorum ejus auctoritate confisi, omnibus et singulis fidelibus christianis utriusque sexus vere poenitentibus, et confessis ostensioni dictarum reliquiarum vel aliquarum earundem, cum solemniter fiet, interessentibus, septem annos et totidem quadragenas de injunctis eis poenitentiis in Domino misericorditer relaxamus. Gaudete igitur, et exultate fideles de tam praetioso vobis collato beneficio, ac Dominum Deum in Sanctis ejus benedicite, et glorificate; ut per eorum intercessiones et merita, ad salutem aeternam, quarm quaeritis, pervenire valeatis. Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginam nostrorum attestationis, voluntatis, praecepti, mandati et relaxationis infringere, vel ei ausu temerario contraire; si quis autem hoc attemptare praesumpserit, indignationem Omnipotentis Dei, et Beatorum Petri et Pauli Apostolorum ejus se noverit incursurum. Datis Romae apud Sanctum Petrum anno Incarnationis Dominicae millesimo quadringentesimo quinquagesimo septimo, octavo Idus Martii, Pontificatus nostri anno tertio. 

(7) El Real Priorato de Monsant.... fue en lo antiguo monasterio de Religiosas. El Rey D. Jayme el I de Aragón, llamado el Conquistador, en su Real privilegio dado en Alcira a 16 de Septiembre de 1273 fundó un monasterio de la Orden de Santa María Magdalena, dicha de Mompeller, en la villa de Alcira, cerca de la puerta de S. Gil, que lindaba entonces por el camino de Alberique con tierras de Pedro Pexolnella, por el de Cabanas con tierras del mismo Rey, y con tierras de Toda viuda de García de Olit: cuya fundación ofreció a Doña Timbos, Priora del monasterio de Mompeller (al cual como a matriz sujetaba este nuevo de Alcira) y a Bonafos, a Guillelma y Auda, Monjas todas fundadoras de este monasterio: para cuya dotación señaló ciertas rentas, censos y derechos que el Rey tenía en la ribera del Xúcar y distrito de Xátiva con pleno dominio de luismo y fadiga, además del enfiteusi (enfiteusis), y sin obligación de pagar al Rey derecho alguno; pero con condición que edificase el monasterio con el nombre y de la Orden de Santa María Magdalena de Mompeller: y no edificándole, volviese todo al Rey; y que en dicho monasterio hubiese trece Monjas y no más, que perpetuamente rogasen a Dios por su alma y las de sus padres, a no ser en caso que el monasterio se mejorase, de forma que pudiese mantener más Religiosas; queriendo que las rentas sobredichas (que van especificadas en la donación) sirviesen para los usos de dicho monasterio, sin que se trasportasen al monasterio de Mompeller, ni a otros lugares. Y así se efectuó, y permaneció muchos años la fundación.

Mas el Rey D. Jayme el II de Aragón, nieto del Conquistador en su Real privilegio dado en Zaragoza a 24 de Septiembre de 1320, considerando que el monasterio edificado por su abuelo en Alcira había sido destruido por una grande avenida del Xúcar, y que sin grave peligro de la comunidad, no podía reedificarse allí mismo: concedió a dicha Priora y Monjas una casa que el Rey tenía en Xátiva, llamada Algema, a la cual se trasladasen y fundasen un monasterio con el título de Santa María de Algema. Hízose así, y por la cordial devoción que profesaba aquel Rey a la Orden Cisterciense, consiguió gracia especial del Sumo Pontífice Juan XXII (como consta por su Bula dada en Aviñón a 22 de Julio, año 1.° de su Pontificado) para que el monasterio que antes era de Santa María Magdalena de Mompeller, se intitulase Santa María Magdalena de Algema, y que las Monjas, dejado su antiguo hábito e instituto, que no se ha podido averiguar cual fuese, abrazasen y profesasen el de la Orden del Císter, sujetándose a su regular observancia y disciplina, como lo hicieron; encargando al Abad de Valdigna el cuidado, visita y corrección de dichas Religiosas, gobernándolas por monjes sabios, prudentes y virtuosos. Acomodadas así las Religiosas, y trasladadas a mejor sitio y casa, y abrazando el nuevo instituto, proveyó el Rey a su subsistencia por el privilegio dado en Valencia a 10 de Enero de 1320, por el cual sin que obstase la disposición del fundador del monasterio de Alcira, confirmó la donación que hizo su abuelo, trayendo, dando y confirmando de nuevo a la Abadesa que era y por tiempo fuere y a su comunidad del monasterio de Santa María Magdalena de Algema del Monte santo de Xátiva, los mismos bienes que en el privilegio y donación de su abuelo se expresan, y revocando la enajenación puesta por el mismo. En breve se fue poblando el nuevo monasterio de Monsant de Señoras de la primera nobleza del reino, como parece por los registros y aranceles de sus profesiones religiosas. Y encargados de su dirección y gobierno espiritual y monástico los Abades y monjes de Valdigna, en conformidad y cumplimiento de lo mandado por su Santidad en la Bula de erección y establecimiento del monasterio, floreció en él por más de doscientos años la disciplina regular, dando las Religiosas copiosos frutos de honor y honestidad, como consta de las visitas, que conforme a los estatutos del Císter, hacían en sus debidos tiempos los Abades de Valdigna, como Padres inmediatos y ordinarios de dicho monasterio, las cuales existen originales en el archivo del de Valdigna.

Pero habiéndose celebrado el santo Concilio de Trento, en que por punto general se estableció la clausura en los conventos de Monjas, se resistieron las de Monsant a recibir este decreto, con pretexto que fuera de la estabilidad expresa en su profesión, jamás habían votado, ni obligádose a la clausura; por donde dieron que sospechar que esta su resistencia nacía de propensión a vivir con más anchura y libertad. Habiendo llegado esto a noticia de Felipe II, celoso ejecutor de los decretos sacrosantos del Concilio de Trento, tomó tan a mal esta oposición de las Monjas de Monsant, que como dotador y único patrono de aquel monasterio, impetró una Bula del Papa Gregorio XIII, dada en Roma el 12 de Septiembre de 1579, en la cual nombra su Santidad por Jueces Comisarios Apostólicos al B. Juan de Ribera, Patriarca de Antioquía y Arzobispo de Valencia, y al Abad del Real monasterio de Poblet, para que bien informados de los procedimientos de dichas trece Monjas de Monsant, las trasladasen a otros monasterios del Orden del Císter, donde floreciese la regular observancia: señalándolas de las rentas de dicho monasterio de Monsant lo que fuere necesario para su vestuario y sustento; y en lugar de ellas pusiesen otros tantos monjes Cistercienses observantes. Recibido el Breve por dichos Comisarios Apostólicos y Reales, y tomada la debida información, declararon que debían mandar y mandaron que dichas Religiosas de Monsant fuesen transferidas al monasterio de la Virgen de Gracia, vulgo de la Zaydia, extramuros de Valencia, y que en lugar de ellas se introdujesen y viviesen trece monjes del monasterio de Valdigna: que de las rentas del monasterio de Monsant se diesen anualmente treinta y tres libras para el sustento de cada una, y siete libras para vestuario: y a la Reverenda Doña Luisa Tachs, actual Abadesa de dicho monasterio, le señalaron sesenta libras; lo cual había de durar mientras viviesen. Y por cuanto dicho monasterio de Monsant había sido regido por los Abades de Valdigna, ordenaron que los trece monjes fuesen de su monasterio, y no de otro, y que todos los bienes, derechos, acciones, censos, rentas, frutos y derechos enfitéuticos fuesen adjudicados (para el sustento de dichos trece monjes de Valdigna, en consideración a que las rentas que tenían dichas Monjas apenas llegaban a la suma de setecientas libras) al Abad y convento de Valdigna, a cuyas expensas debía efectuarse la traslación de las Religiosas. Mandaron asimismo que los trece Monjes estuviesen sujetos en lo espiritual y temporal a dicho Abad, y que este se llamase Prior de Monsant, y que uno de los conventuales se llame Presidente, y sea el que eligiere el Abad: de manera que dicho Presidente y los demás que habiten en Monsant no puedan hacer ni firmar acto alguno conventual, sino con licencia, consentimiento y presencia del Abad de Valdigna, el cual visite, corrija y castigue en caso necesario a los de dicho Priorato, y no otro alguno. Todo lo cual consta de la sentencia dada por dichos Comisarios Apostólicos en el palacio Arzobispal de Valencia a 29 de Febrero de 1580. Habiéndose notificado en debida forma esta sentencia a la Abadesa y monjas de Monsant en 9 de Marzo de 1580, a la que con ejemplar prontitud, humildad y obediencia se sujetaron sin protesta ni tergiversación alguna, fueron honesta y decentemente conducidas, como se mandaba, al Real monasterio de la Zaydia: y tomada la posesión de Monsant por el Abad y convento de Valdigna, se dio cuenta de todo al Rey y al Papa, el cual a representación y requerimiento del Rey por su Breve de 29 de Noviembre de 1581 confirmó, aprobó y ratificó todo lo ejecutado por dichos Comisarios Apostólicos y Reales, y cuanto de dicha comisión se había seguido, supliendo cuantos defectos juris et facti hubiesen podido intervenir en ello.

Esta exacta relación del origen, progreso y actual estado del Real Priorato de Monsant, formada con presencia de los instrumentos que obran en el archivo del Real monasterio de Valdigna, es casi a la letra de mi docto amigo el Rmo. P. D. Alberico Rubio, Abad que fue del dicho monasterio. 

Portada, prólogo, índice

Viaje literario 

las iglesias de España.


Le publica 

con algunas observaciones

Don Joaquín Lorenzo Villanueva, 

capellán de honor y predicador de S.M., 

y rector de los reales hospitales general 

y de la pasión de Madrid.


Tomo 1.


Madrid: en la imprenta de Fortanet

Impresor de la Real Academia de la Historia.

Año de MDCCCCII (1902)



/ Nota del editor, Ramón Guimerá Lorente. Se actualiza en gran parte la ortografía de Villanueva, pero no los textos que copia, que dejo tal como los publicó /



Fungar vice cotis.


Es reimpresión de la edición de Madrid, de 1803.


PRÓLOGO DEL EDITOR. 


Los viajes literarios, tan justamente promovidos en nuestros días por lo mucho que contribuyen al fomento de las ciencias útiles a la sociedad, tienen una especial recomendación para los pueblos católicos, cuando se dirigen a extender el conocimiento de la disciplina eclesiástica, y a ilustrar en todo o en parte los ritos y prácticas religiosas de la santa iglesia. Loable es el ansia de los anticuarios y de los artistas por descubrir los tesoros ocultos de la antigüedad profana, que dan luz a la historia, extensión a las ciencias, modelos y estímulos a las bellas artes. Pero aún lo es más la de los fieles ilustrados, porque se publiquen los tesoros literarios de la religión, cuyos intereses son de un orden superior, y transcendentales a objetos más dignos. Notorio es que la santa iglesia en varios puntos no substanciales de su policía exterior ha experimentado, o por mejor decir, ha dispuesto según la variedad de los tiempos ciertas mudanzas y alteraciones, cuya noticia contribuye al más claro conocimiento, así de la unidad del espíritu que la anima, como de la infinita sabiduría que la gobierna.

Lo uno y lo otro resalta igualmente en los siglos sabios y celosos, que en los menos ilustrados y fervorosos, así en el rigor de la antigua disciplina, como en la condescendencia y benignidad de la presente. Porque ambas cosas proceden de un mismo espíritu, que es el de Dios, nacen de unas mismas entrañas, que es la caridad de la iglesia, y van ordenadas a un mismo fin, que es la santificación de sus miembros.

Voy diciendo esto para salir al encuentro a algunos fieles bien intencionados, que por falta de advertencia o de instrucción en estas materias, pudieran sacar tal vez escándalo de lo que se escribe para su instrucción y edificación. Están creyendo algunos que los apóstoles y sus primeros discípulos establecieron uniformemente los ritos, así de la misa, como del oficio eclesiástico, y que la diversidad que se echa de ver en los tiempos siguientes es corruptela digna de ser olvidada para que no dañe su memoria.

Dejo aparte las ventajas de la loable uniformidad que se observa ahora, que de esto no trato. Voy sólo a manifestar la equivocación de los que pretenden que esta uniformidad la hubo en el principio de la iglesia, y que con ella no se ha hecho sino restablecer la práctica de los tiempos apostólicos.

Debemos pues suponer, y a su tiempo se dará demostrado: 1.° que desde el principio de la iglesia ha habido diversidad, así en las ceremonias de la liturgia, como en los ritos del oficio eclesiástico: 2.° que esta diversidad de ritos acompañada siempre de una perfecta uniformidad en las partes más considerables de la liturgia, en nada se opone a la unidad de la religión, ni a la indivisibilidad de su sacrificio, ni a la concordia de los miembros de la iglesia, que debe reinar en la oración pública. Que si esta variedad en algunos casos dio motivo de turbación a los flacos y menos instruidos, procuraron los SS. doctores desvanecer su temor, manifestando que la diferencia externa del rito, lejos de oponerse a la unidad del espíritu, en todo iba gobernada por ella; de lo cual quedan claros testimonios en S. Ambrosio, en S. Gerónimo y S. Agustín: 3.° que aun adoptado en España el orden romano, cada una de nuestras diócesis le acomodó a sus propios ritos, resultando de esto la admirable variedad que se echará de ver en el discurso de la obra principal, a que se dirige este viaje: 4.° que estas ceremonias instituidas por los prelados eclesiásticos son de la clase de otras cosas humanas sujetas a mudanza, como lo demuestran muchas de ellas abolidas, alteradas, restablecidas por sínodos o mandatos de los legítimos pastores, en iglesias conocidas, y en cuyos archivos se conservan documentos que acreditan esta alteración.

Por lo mismo que en esta variedad de ritos ha resaltado siempre la unidad de la fe y de la doctrina católica, algunos varones celosos y doctos han escrito sobre ellos tratados históricos, ya generales de toda la iglesia, ya particulares de algunas provincias, de donde ha tomado nuevas armas la religión para combatir a los enemigos de su unidad y de su doctrina. Entre los primeros deben contarse nuestro S. Isidoro, Hugon de S. Víctor, Agobardo, Rabano, Amalario, Ruperto, Durando, Bona, Martene, Gerbert, Mazzei y otros muchos. Entre los segundos Asseman, Mabillon, Renaudot, Tomasio, Antonelli, Rocha, Sala, Georgi, Borja y Ballerini. A los cuales pudiéramos añadir los escritores de los ritos particulares de algunas diócesis: Blasi de las de Sicilia, Alberico Oliva de la de Nápoles, Juan Francisco de Rubeis y Federico Altan de la de Forli; y de la de Milán Bertoldo, Eustaquio de S. Ubaldo y Luis Antonio Muratori.

Para estas y otras obras de la misma clase, escritas en casi todos los reinos de la Europa católica, se han hecho viajes, se han registrado archivos, se han reconocido documentos, se han sacado dibujos, en suma, no se ha perdonado trabajo ni estudio, tratándose este negocio por gente docta con el decoro correspondiente a la causa de la religión que en él se interesa. Por este medio han visto la luz pública innumerables rituales y sacramentarios griegos y latinos, y otros monumentos litúrgicos, ilustrados por católicos de conocida erudición y piedad.

Tal vez es España el único reino que ocultando los preciosos códices de sus iglesias, se priva de este esplendor de la ciencia eclesiástica escondido en su mismo seno, y de la gloria de comunicarle a otras naciones cultas, que liberalmente han franqueado esta clase de riquezas a todo el orbe católico. 

Sobre lo mucho que ofrecen en esta materia los sínodos de España que no se han publicado, consta que por medio de cartas y decisiones, también inéditas, se reformaron muchos de nuestros códices sacramentarios, se establecieron y suprimieron fiestas, se escribieron nuevos oficios, nuevas preces y oraciones, y se ordenaron varios ritos pertenecientes a la administración de la penitencia, de la eucaristía y de los demás sacramentos. Cierto es que han perecido gran parte de estos documentos anteriores al siglo XI, por las invasiones y el largo dominio de las naciones bárbaras en nuestra península. Pero con algunos de estos documentos se conservan muchos más de los tiempos siguientes, en que con la introducción de la liturgia romana quedó salvo a los obispos el derecho de ordenar las preces, los oficios y las ceremonias de los sacramentos.

Alguna muestra se verá de esto en los primeros ensayos que ofrezco del presente viaje, emprendido por mi hermano Fr. Jayme Villanueva, de la orden de Santo Domingo, en virtud de Real orden S. M., con el objeto de recoger de nuestros archivos los documentos necesarios para escribir la historia que se ha dignado encargarme S. M. de los ritos antiguos de nuestra iglesia. Desde luego cuento con el auxilio que prestarán para esta empresa las colecciones publicadas de nuestros concilios antiguos, las decretales y cartas de sumos pontífices pertenecientes a España, y las obras de los padres españoles. Mas fuera esto poco, si no tuviésemos a mano también los documentos de esta misma clase pertenecientes a los siglos posteriores. Y que estos documentos sean necesarios para la perfección de la obra se colegirá fácilmente de estas cartas que me va escribiendo mi hermano, acompañándome noticias de algunos códices, apuntamientos y extractos de otros, dibujos de inscripciones, alhajas y vasos antiguos, y copias de papeles inéditos, o muy raros, que no pudieran injerirse en la obra principal, y cuya publicación es justo que se anticipe en obsequio de los españoles y de los extranjeros aficionados a este género de letras.

En esta especie de viajes nos van delante Mabillon, Rubeis y otros piadosos extranjeros, a quienes igualamos en el deseo de la ilustración pública, y tal vez en los tesoros literarios con que la quisiéramos promover. Como esta no es obra metódica, nadie extrañará ver en ella tratadas algunas materias aisladamente, otras apuntadas conforme ocurren cuando están a la vista, que a esto se ve obligado el que viaja con la pluma en la mano, por no exponerse al olvido de alguna especie tal vez necesaria, cuyo orden y colocación queda después a cargo del que quisiere aprovecharse de ella.

Tócanse en estas cartas varias cosas por incidencia, otras debo tenerlas por oscuras para algunos lectores; y así me he visto precisado a ilustrarlas con las notas y observaciones que van al fin de cada una de ellas, para evitar confusión. Si alguno extrañare que en estas notas se aleguen prácticas de otras naciones, atribúyalo, no a falta de ejemplares en la nuestra, sino a la escasa noticia que hemos tenido de ellas hasta ahora; las especies que a los doctos parecieren triviales, déjense para los indoctos, que a ellos se dirigen.

Como la historia eclesiástica debe ilustrarse por todos los caminos justos y legítimos, y la de España está diminuta y mezclada de especies inciertas por falta de documentos: para aclarar la verdad de ella en algunos puntos oscuros o no bien averiguados, me ha parecido conveniente ir preparando una colección, así de estos, como de los demás MSS. preciosos que se fueren adquiriendo en este viaje, algunos de los cuales, por ser breves y porque ilustran varios puntos que se tratan en estas cartas, se irán insertando en los tomos a que pertenezcan. De esta suerte, correspondiendo a la liberalidad de los literatos extranjeros, se promoverá en España la erudición eclesiástica por medio de unas obras, que sin ser sabias, estimulan a la sabiduría. 


ÍNDICE 

DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO. 

(Las páginas son las del pdf, en este formato no concuerdan)

Carta 1. Memorias eclesiásticas de la antigua Sétabis. S. Félix diácono, patrono de esta ciudad. Templo que en ella se conserva con su advocación. Sepulcro de jaspe hallado en su recinto. Si fue de cristianos. Inscripciones inéditas. Erección de su iglesia colegiata. Sus reliquias. Fiestas particulares. Antiguo monasterio de Monsant. pág. 1 

Carta 2. Templo del santo sepulcro: si le hubo en Valencia antes de su conquista. Restauración de la silla episcopal en esta ciudad. Esplendor de su iglesia en el nuevo estado. Fundación de la catedral, y su advocación. Circunstancias señaladas de este edificio. Decoro del culto: vestiduras corales de sus prebendados y demás ministros, así de ella, como de las parroquias. Capilla del colegio de corpus Christi. 25 

Carta 3. Catálogo de los prelados de Valencia desde su conquista. 46 

Carta 4. Noticia de los sínodos de la santa iglesia de Valencia, celebrados después de su conquista. Hallazgo del de Santo Tomás de Villanueva. 67 

Carta 5. Códices litúrgicos que se conservan en la biblioteca de la santa iglesia metropolitana de Valencia. 88

Carta 6. Prosigue la noticia de los códices de la santa iglesia de Valencia. 104 

Carta 7. Observaciones sobre el oficio antiguo de Passione imaginis. Crucifijo devotísimo venerado en la parroquia de S. Salvador. Si es el de Berito: si vino a Valencia por el Turia. Preces del Señor Orbe a Benedicto XIII. 117 

Carta 8. De algunos ritos señalados de los oficios antiguos. 132

Carta 9. Imposición de la penitencia canónica. Bendición de los ramos. Origen de los monumentos. Otros ritos singulares del jueves, viernes y sábado santo. Reclusión de las mujeres públicas en la semana santa. Ceremonia actual en la vigilia de la Ascensión, y otra ya abolida en el día de Pentecostés. 146 

Carta 10. De algunos ritos antiguos. 162

Apéndice de documentos. 177